Poeta en la cocina

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Trincha despacio en la ensaladera
una hermosa escarola bien lavada.
Echa la sal y buena cucharada
de zumo de limón. Luego aglomeraen su cuerpo, cual rica sementera,
los granos de rubí de una granada,
un ramito de menta muy picada
y alcaparra aguileña en borrachera.

Y aunque parezca ilógico, te digo
que una cebolla tierna, hecha juliana,
será un digno acicate a la desgana

si sientas a tu mesa a buen amigo.
Remata con cuantró la iniciativa
y un chorreón de aceite de la oliva.

***

Cuando yo era pequeño y en España
mandaba la escasez, mi madre hacía
un plato muy sabroso, que tenía
a pasta como médula y entraña.

Amasaba la harina con gran maña
y con un buen rodillo la esparcía
y a certeros pellizcos dividía.
Pero lo más osado de la hazaña

era hallar un conejo para el guiso,
dos cebollas, tomates y un pimiento,
que una vez rehogados, lo preciso,

los condenaba a hervir a fuego lento.
No hay que esgrimir aquí falsos orgullos
ni adentrarse tampoco en discusiones

de cómo bautizar este portento.
Lo que para un murciano son gurullos,
para los de mi pueblo, cucorrones.

***

Verde por fuera, verde y reluciente
como un joyel redondo y bien labrado,
en el que guarda, en néctar clausurado,
su roja carne, mórbida y turgente.

Con mi mano la hiero irreverente,
haciendo de su cuerpo acuchillado
una rosa encarnada. ¡Qué dechado
de olorosos efluvios en la fuente!

Uno la admira, el otro la devora
con despiadada gula inconfesable.
¡Cuán dulces los frescores que atesora
los rubores del fruto incomparable!

Concita el esplendor y la alegría
en su jugosa carne, la sandía.

***

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Descripción

Obra publicada en (Editorial Hipocampo – 2000).

Información adicional

Peso 0.255 kg
Dimensiones 13 × 0.8 × 21 cm
Stock

300

Nº de Páginas

174

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