Canciones para las tardes de lluvia

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Traigo los ojos ahítos
de azules y gaviotas,
de gorriones y espigas,
de redes y caracolas.
Soy hombre de tierra adentro
con el alma de paloma
torcaz, libre y campesina,
pero el corazón es proa
de nave abocada al mar
y en sus praderas galopa
como un alazán de sueños
rompiendo al viento sus olas.
No reniego del arado,
ni el surco que me conforma.
Nací huertano y la tierra
la llevo en la sangre. Honra
que es inherente a mi vida
y que en mi quehacer aflora.
Soy hombre de tierra fértil,
pero amo al mar, y me abona
mi corazón marinero:
Surco, nave, espiga y proa.***

-“¡Qué pena, joder, qué pena,
tanta puta y yo tan viejo!”,
repetía el pobre Curro,
ciego, para sus adentros.
El aguardiente fluía
regando de sol su cuerpo
como un gran campo de dudas
con relumbros de recuerdos.
Una colilla humeaba
dormida entre los sarmientos
de su boca desdentada
en otoño sempiterno.
Dicen que en sus mocedades
fue capitán en el Tercio
y que una hembra bravía
le pintó cuernos y veto
a su honra de soldado.
Y para darle remedio
desenjauló dos palomas
de plomo contra su pecho.
Desde aquel día, sin rumbo,
camina por su desierto
amarrado a una botella
como un náufrago sediento,
libando en alcohol olvidos
y guillotinando sueños.
Cuentan que fue un buen soldado,
pero que acabó perdiendo
el seso, por una hembra
que no supo comprenderlo.
Y desde entonces repite
como único lamento:
-“¡Qué pena, joder, qué pena,
tanta puta y yo tan viejo!”.

***

El maletilla bajaba
nervioso por el atajo:
Ojos de aceituna verde,
piel de lucero quebrado,
sueño y gloria en la mirada
y sobre el hombro, su hato.

-Ay, maletilla, ¿qué sabes
tú de cornás y de espanto?
Mira que allá en la dehesa
un utrero está esperando
y ha medido tu cintura,
y ha olfateado tu rastro
mientras patea la tierra
inquieto ya y resabiado.
Márchate a trenzar el mimbre
y a trabajar el esparto,
que los ríos de tus venas
perfumarán el sembrado
con su amapola de sangre
en un cuajarón morado.
Maletilla, espera al alba
para despegar el trapo
con sus luces, que la noche
conspira con el amago
donde acecha el enemigo
con su escopeta emboscado.
Si has de temer a algún toro,
no temas a ese morlaco
que danza ante tu capote
noble el gesto y bien plantado.
Témele a la luna, niño,
y a su brillar acerado.
Témele a esa luna lívida
que, en su luz, agazapado,
un toro de angustia y muerte
habrá de cortarte el paso
y acuchillar la hermosura
de tu perfil de gitano.
Maletilla, vuelve al mimbre,
a tu gente y a tu esparto.
Que no pisará el albero
tu cuerpo de junco y nardo;
pues dos cuernos te persiguen
desde la sombra, temblando,
llenos de pólvora y fuego.
Y han de matarte, gitano.

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Descripción

Obra publicada en (Ayuntamiento de Jumilla-2009).

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Peso 0.306 kg
Dimensiones 15 × 0.4 × 21 cm
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70

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190

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